Mar11
¿Vas a pintar el salón? Todo lo que necesitas saber

¿Vas a pintar el salón? Todo lo que necesitas saber

Siempre que pinto un salón pienso lo mismo: tengo que conseguir que el color de las paredes aporte equilibrio visual. ¿Cómo lograrlo? Con tres sencillas claves: estudia bien tu salón; elige la gama que mejor le va y define el tono concreto con el que pintarás tus paredes.

Estudia tu salón

Enfréntate a tu salón como si lo vieras por primera vez. No caigas en la tentación de dejarte llevar por una tendencia o un ambiente que te ha gustado y no cometas el error de aplicarlo a tus paredes sin pensar si realmente este color se adapta bien a tu salón.

Por lo tanto, y antes que nada, piensa como es tu salón: su tamaño, su luminosidad, el suelo que tienes, el tipo de muebles que te gustan, las vistas de las que disfrutas, etc.

Cuanto más neutros sean todos estos elementos, más libertad de elección tendrás para la pintura de las paredes. Por el contrario, en un salón pequeño y poco luminoso lo más razonable es que utilices un color que compense estas deficiencias: claro, luminoso, brillante, etc.

De cualquier modo y, por difícil que te parezca, ¡no te desanimes! Como te digo, todo es cuestión de equilibrio y de seguir unos sencillos pasos para llegar a la elección adecuada.

Elige tu gama

Para que te sea más fácil elegir el color definitivo con el que vas a pintar el salón, debes pensar en gamas. Así, te aconsejo manejar principalmente tres gamas o paletas de colores para el salón: la neutra, la cálida y la fresca.

Si te van los neutros

Estás de suerte porque el blanco roto es el color “estrella” en sus infinitos matices: huevo, seda, lino, almendra… Y tanto los blancos como las variedades con algo más de color, como el beige, son muy fáciles de usar. Son éxito seguro y sus ventajas son muchas:

  • Crean ambientes serenos y apacibles.
  • Son muy fáciles de combinar con cualquier tipo de muebles u otros colores; aligeran los muebles de madera oscura y aportan aún mayor frescura a los decapados.
  • Son muy luminosos porque reflejan la luz que reciben. Si tu salón es un poco oscuro, ni lo dudes: el blanco es tu color y ninguno como él para compensar la falta de claridad.
  • Resultan una base decorativa muy versátil. Te darán gran libertad a la hora de mezclar muebles con diferentes estilos decorativos o si quieres utilizar piezas o telas con mucha personalidad.

Si te va el color, ¡apuesta por los cálidos!

Puede que te apetezca algo más de color: en ese caso, utiliza tonos cálidos en sus variedades más suaves (cremas, arenas, piedras, tierras…). Si tuviera que aplicar un solo adjetivo a este tipo de colores sería el de “influenciables”. Quiero decir que estos colores son un poco “espejo” de lo que les rodea, de la luz que reciben, del tipo de telas, de los muebles, etc. Todo ello influirá mucho en su percepción. Pero también tienen muchas ventajas, ¡aprovéchate de ellas!

  • Consiguen ambientes envolventes y acogedores, por algo se llaman cálidos.
  • Son colores ricos en matices y es difícil que puedas llegar a cansarte.
  • ¡Ojo con las telas! Influyen mucho en estos colores. Por ejemplo, los textiles frescos como el algodón o el lino hacen que el ambiente del salón parezca más informal y distendido. Por el contrario, las telas con texturas más abrigadas, como el terciopelo o la lana, consiguen que tu salón parezca más sofisticado.
  • Si te apetece utilizar un complemento con color puedes hacerlo pero en tonos que tengan “dentro” el color de las paredes: por ejemplo, con paredes piedra, los tonos grisáceos (azul grisáceo, verde grisáceo, berenjena…) encajan sin ningún problema.
  • Admiten bien los estampados pero siempre en el mismo color de las paredes o en colores neutros. Te aconsejo que evites utilizar una tela con un estampado en un color distinto al de la pintura si ya existe color en las paredes: es muy complicado acertar.
  • Si tu salón tiene madera, ¡es ideal! Los colores cálidos encajan perfectamente con ella.

Si te gustan los frescos, ¡inspírate en la naturaleza!

Azul pálido, verde manzana, aguamarina, lavanda, rosáceo… Cuando pienso en colores frescos me vienen rápidamente a la cabeza imágenes de paisajes exteriores: el azul del mar, la frondosidad del verde de un bosque o la belleza de un jardín. Si optas por estos colores, estarás llevando la naturaleza al interior de tu salón y conseguirás…

  • Un ambiente alegre y relajado.
  • Prologar visualmente las vistas exteriores dentro del salón. Estos colores son perfectos para salones con vistas al mar o a la montaña, así como para casas de campo, de vacaciones, etc.
  • Si tu salón recibe muchas horas de sol directo, le aportarás frescor.
  • Admiten telas con color que equilibren el protagonismo de las paredes. Los estampados geométricos o con flores que repitan los tonos de la paredes y tengan un fondo neutro son los más fáciles de encajar.
  • Conectan bien con las maderas de aspecto cálido, como el cerezo, a las que logran compensar y actualizar. Los decapados suman dulzura a estos colores y las maderas claras potencian su frescura.
  • Las fibras vegetales tanto en muebles como en alfombras combinan a la perfección con estos colores. Para los cojines u otros elementos que quieras destacar, la solución más sencilla es elegir el mismo color de las paredes pero en un tono más oscuro.
  • Pero si tienes muchos muebles, es mejor optar por un color más neutro, para no recargar el ambiente.

Escoge el color… ¡y a pintar!

Una vez decidida la gama que te gusta, llega el momento de elegir el tono concreto para tu salón. Para ello nada mejor que hacer distintas pruebas para poder imaginar cómo quedará la habitación una vez pintada. Ver revistas y señalar los colores que te gustan te ayudará también a decidirte por un tono en concreto.

La principal herramienta que tenemos son las muestras que podremos realizar con la pintura. Es importante que las muestras tengan un tamaño considerable y realizarlas tanto en sitios donde la luz incida directamente como a contraluz. Observa el color en distintas horas del día y en comparación con muestras de telas u otros elementos que tengas pensado incluir en el salón para hacerte una idea de conjunto.

Otra opción complementaria a las muestras físicas es recurrir a simuladores de color, que cada vez más fabricantes de pinturas ofrecen en internet. Algunos permiten incluso elegir el estilo de mobiliario o la orientación de las ventanas. También puedes realizar una pequeña maqueta con cartulina y si la pintas con el color de la muestra, puedes ver cómo influye la luz sobre el color en diferentes horas del día.

Como toque final: destaca algún elemento con un color más oscuro o aplica una textura distinta a una determinada pared. La intención, además de aportar mayor viveza e interés decorativo, es que estos cambios de color o de textura te ayuden a diferenciar distintos ambientes dentro del conjunto del salón. Para acertar, lo más fácil es utilizar colores que pertenezcan a una misma gama.

Y un consejo final

Si prefieres comprar el color hecho te aconsejo evitar las máquinas tintométricas que encontrarás en algunas tiendas de pinturas. Es mucho más profesional y eficiente el servicio ofrecido por fabricantes de pinturas exclusivas para decoración. Además de asegurarte realmente el color de la muestra, son pinturas con mayor calidad y disponen generalmente de tamaños mini para muestras o posteriores retoques. Otra ventaja es que te ofrecen realmente el mismo color en distintos tipos de pintura, como por ejemplo un esmalte para pintar un mueble a medida del mismo tono de la pared.

¿Has pintado últimamente tu casa? Explícanos cómo…